Estaba sentada en esos bancos rojizos del aeropuerto. Toni no tenía fuerzas para nada, ni siquiera para decirme adiós o para darme un gran abrazo. Yo también estuve muy callada y pensativa tras la situación. Mis padres estaban separados. Hasta entonces yo vivía con mi padre, Toni, pero me habían dado una beca en la Universidad de la ciudad de Ram. Tenía dos opciones: podía dar ese dinero para comprar una casa en condiciones o irme a Ciudad Real a vivir con mi madre Angela. Decidí irme a vivir con Angela. Eso suponía una nueva vida, sentía miedo, pero estaba dispuesta a hacerlo. En ese instante, nada más pensaba si había hecho bien, muchas preguntas retumbaban en mi cabeza. ¿Había dejado abandonado a mi padre?. ¿Lo había traicionado?. Tendría que haber dado el dinero para comprar una nueva casa?. Aunque, en verdad, ya no podía hacer nada. En ese momento, llamaron por el megáfono, para indicar que el avión iba a despegar. Tímidamente, me levanté del banco. Sólo me limité a coger mi maleta de color azulón. Me la envió mi madre por correo el día de mi cumpleaños. Creo que fue una buena idea llevármela. También cogí mis pequeñas mochilas y mi bolso de plástico transparente de playa. Cuando estuve de pie, le dirigí un adiós a Toni, casi en susurro. Él me lo devolvió con el mismo tono de voz. Di media vuelta andando hacia las escaleras mecánicas. Ese camino fue larguísimo, parecía que nunca se acabaría. Me sentía muy triste, rendida. Se me hizo un nudo en la garganta, no podía tragar saliva. De pronto, me encontré en la entrada del avión. Estaba a un paso de la puerta,. Todavía, no podía creer lo que estaba haciendo. Al darme cuenta de que el avión iba a despegar, subí rápidamente el escalón. No pensé en buscar el asiento perfecto. Cogí el primero que mi vista encontró. Los sillones eran de cuero blanco. No pensé en nada más, lo único que hice fue asegurarme de que los sillones estuvieran libres. No quería tener a ningún acompañante pesado. Quería estar sola. Eché para atrás el sillón, recliné la cabeza en èl y quise que esa siesta se hiciera eterna.



