sábado, 9 de enero de 2010

LAS DOS CARAS DE UN DIA

Era domingo, un día en el que a Carolina le encantaba levantarse más tarde de lo normal. Pero aquel día transcurrió distinto. Se despertó con muchas ganas e ilusión, pero notó algo raro, todo estaba oscuro y no entraba la luz del amanecer en su habitación; así que miró el reloj. Eran las seis de la mañana. Demasiado pronto, pensó. Se levantó de su cama de un salto y abrió la puerta. Se quedó sorprendida, se encontró con un bosque con un camino muy largo y estrecho.

En ese momento, Carolina no sabía qué hacer, si volver a su cama o enfrentarse a ese camino tan largo y tenebroso. Cuando puso un pie en el bosque sintió un escalofrío por todo su cuerpo, pero se sintió valiente y siguó avanzando. El camino se le hizo eterno, sobre todo con el sonido de los lobos y el aleteo de los búhos y pàjaros siniestros. Pero hubo algo que despertó su curiosidad. Era una sombra que se escondía detrás del árbol que hizo que se sintiera sola y abandonada.

Cada vez la sombra se iba acercando más y más y más, sintió pánico y su cuerpo empezó a temblar, hasta que... ¡Carolina, Carolina! Reconoció la voz de su madre llamándola desde el piso de abajo. Qué sueño tan extraño, se dijo a sí misma. Se preguntaba por qué la llamaban tan alterada. ¡Oh no! Era lunes y llegaba tarde al colegio. Así que rápidamente se lavó, se vistió y cogió su mochila. Se dirigió al autobús que la llevaría al colegio. Aquella noche fue extraña, pero estaba segura de que sòlo había sido un sueño.